El Puerto Viejo de Algorta, corazón histórico y símbolo de Getxo, se encuentra en una encrucijada que amenaza con desvirtuar su identidad. Lo que debería ser un barrio para sus vecinos se está convirtiendo en un escenario de gentrificación descontrolada y dejadez institucional.
La gentrificación ya no es una amenaza lejana, sino una realidad palpable. El barrio sufre la proliferación de pisos turísticos y la pérdida de la vida vecinal. El caso más flagrante es el del edificio Etxetxu, antigua sede del Ayuntamiento y símbolo del municipio. Es inaceptable que el soportal público permanezca cerrado desde noviembre de 2023 por la rotura de una viga mientras el negocio privado sigue funcionando a pleno rendimiento.
A esto se le suma un nuevo frente: las obras de renovación de las tuberías de bombeo por parte del Consorcio de Aguas en el parking del puerto. Si bien son necesarias para evitar vertidos al mar durante las lluvias, estos trabajos se prolongarán 18 meses. El impacto es alarmante: la eliminación de 25 plazas de aparcamiento en el Puerto Viejo, un área que ya sufre un colapso crónico.
Para los residentes, dejar el coche en su propio barrio se ha vuelto una odisea. A pesar de pagar el servicio de OTA, se encuentran con que el espacio es devorado por visitantes, con caravanas continuas y coches en aceras y bidegorris. A esto se añaden las infraestructuras deficientes, como el ascensor del Puerto Viejo, cuyos fallos constantes dificultan aún más la movilidad.
Ante este panorama, no basta con "estudios técnicos" que lleguen tarde. Es necesario recuperar medidas que ya demostraron su eficacia, como limitar el tráfico desde el restaurante La Ola solo a residentes en verano. Durante la pandemia, esta restricción devolvió el protagonismo a los peatones y permitió que los niños jugaran sin miedo a los coches.
El Ayuntamiento de Getxo no puede seguir mirando hacia otro lado. Urge un plan que priorice la vida vecinal y la protección del patrimonio sobre la explotación turística. El Puerto Viejo no es solo un reclamo en un folleto de turismo; es la memoria viva de nuestro pueblo, y no podemos permitir que se hunda bajo el peso de las obras y la indiferencia.
Ya viene Korrika de nuevo, y tras dos años tenemos la oportunidad única para unirnos de nuevo al euskera y sacar a las calles proclamas a favor del euskera. La 24ª edición de Korrika comenzó el 19 de marzo en Atharratze, y el 29 de marzo llegará a Bilbao bajo el lema "Euskara gara".
Esta 24ª edición, además, tiene su peculiaridad en nuestra localidad: de hecho, en Itzubaltzeta-Romo AEK ha homenajeado a Irune Etxebarria, fundadora y promotora de la korrika, fallecida en 2025. En toda Euskal Herria, y también en nuestro país, gracias al trabajo realizado durante generaciones se celebran hoy en día proyectos reivindicativos y exitosos como Korrika; y lo mínimo es reconocer a aquellos que han sido militantes del euskera durante toda la vida.
Es más, en la situación actual es de vital importancia esta incansable reivindicación a favor del euskera. En el contexto de la ofensiva contra el euskera, el riesgo de dar pasos atrás en materia de derechos lingüísticos no es ninguna frivolidad. Por un lado, en las últimas semanas nos hemos enterado de que este acoso estaba más organizada de lo esperado; y por otro lado, aunque no haya recursos interpuestos, en municipios como Getxo las exigencias lingüísticas son escasas para garantizar dichos derechos.
Dando ejemplos concretos, la Oferta Pública de Empleo anunciada por el Ayuntamiento de Getxo el pasado año cubrirá 95 plazas, de las cuales sólo la mitad recibirá el perfil de euskera, mientras que en el resto se retrasarán o dejarán de implantar directamente los perfiles lingüísticos. Ante ello, desde EH Bildu solicitamos que en todas las futuras convocatorias de empleo se estableciera obligatoriamente la exigencia en euskera, que se pusieran los medios para hacer efectivo el plan de normalización y que se garantizase el derecho a ser atendido en euskera y castellano en todos los servicios municipales. La mayoría del pleno rechazó la propuesta.
Esto también evoca el debate sobre la apariencia que se ha abierto: hay agentes que trabajan en contra del euskera — o al menos no apuestan por él — y luego les preocupa no aparecer en la foto. El proceso de normalización del euskera debe llevarse a cabo como lo muestra la korrika, tipi tapa tipi tapa aurrera y sin dar un paso atrás.