AKTUALITATEA


| 2026-04-17 10:00:00

El Puerto Viejo de Algorta, corazón histórico y símbolo de Getxo, se encuentra en una encrucijada que amenaza con desvirtuar su identidad. Lo que debería ser un barrio para sus vecinos se está convirtiendo en un escenario de gentrificación descontrolada y dejadez institucional.

La gentrificación ya no es una amenaza lejana, sino una realidad palpable. El barrio sufre la proliferación de pisos turísticos y la pérdida de la vida vecinal. El caso más flagrante es el del edificio Etxetxu, antigua sede del Ayuntamiento y símbolo del municipio. Es inaceptable que el soportal público permanezca cerrado desde noviembre de 2023 por la rotura de una viga mientras el negocio privado sigue funcionando a pleno rendimiento.

A esto se le suma un nuevo frente: las obras de renovación de las tuberías de bombeo por parte del Consorcio de Aguas en el parking del puerto. Si bien son necesarias para evitar vertidos al mar durante las lluvias, estos trabajos se prolongarán 18 meses. El impacto es alarmante: la eliminación de 25 plazas de aparcamiento en el Puerto Viejo, un área que ya sufre un colapso crónico.

Para los residentes, dejar el coche en su propio barrio se ha vuelto una odisea. A pesar de pagar el servicio de OTA, se encuentran con que el espacio es devorado por visitantes, con caravanas continuas y coches en aceras y bidegorris. A esto se añaden las infraestructuras deficientes, como el ascensor del Puerto Viejo, cuyos fallos constantes dificultan aún más la movilidad.

Ante este panorama, no basta con "estudios técnicos" que lleguen tarde. Es necesario recuperar medidas que ya demostraron su eficacia, como limitar el tráfico desde el restaurante La Ola solo a residentes en verano. Durante la pandemia, esta restricción devolvió el protagonismo a los peatones y permitió que los niños jugaran sin miedo a los coches.

El Ayuntamiento de Getxo no puede seguir mirando hacia otro lado. Urge un plan que priorice la vida vecinal y la protección del patrimonio sobre la explotación turística. El Puerto Viejo no es solo un reclamo en un folleto de turismo; es la memoria viva de nuestro pueblo, y no podemos permitir que se hunda bajo el peso de las obras y la indiferencia.