Covid-19 y transporte público


2020-04-30

Durante el periodo de confinamiento el transporte público ha sufrido cambios drásticos en su prestación del servicio, sobre todo en cuestión de frecuencias, horarios, capacidad de sus instalaciones y aforos en vehículos.

Dicen que iniciamos la fase de “desescalada”, y nos preguntamos qué pasos habrá que dar en el transporte público para no perder las cuotas de utilización previas a la pandemia.

Nos encontraremos en una situación donde, según se vayan flexibilizando las medidas de confinamiento y vayamos volviendo a una “normalidad relativa”, el uso del transporte público se irá restableciendo en paralelo a otras actividades económicas, sociales y culturales.

Pero la ciudadanía no va a aceptar viajar en los medios de transporte tal y como era costumbre. No cogeremos un metro o un tren a rebosar en hora punta, no subiremos a un autobús atestado de personas que viajan de pie. Si hasta ahora era frecuente ver índices de aforo en el transporte público de 4 personas/m2, en adelante se va a convertir en algo inasumible. Ni que decir de grandes eventos como manifestaciones, eventos deportivos y conciertos donde el único límite de aforo era la capacidad física de los vagones o los buses.

Se abre ante nuestros ojos un escenario donde el “factor miedo” que se ha extendido estos últimos meses, retrotraerá a las personas usuarias habituales del uso del transporte público. Nuevamente se primará el uso del vehículo privado y tardaremos años en recuperar las cifras de uso del transporte público que hemos conocido hasta el momento.

Para evitar este escenario, o al menos minimizarlo, es necesario implantar medidas que den seguridad y garantías a la ciudadanía. Sin duda, estas actuaciones afectarían al aforo y capacidad del transporte público, por lo que debemos prever que volver a los índices de uso de transporte público previos al Covid-19 no va a ser una tarea fácil.

Una vez que podamos ir saliendo de nuestras casas, se reiniciará la actividad laboral de forma más o menos estable, lo que, si no se toman medidas extraordinarias en materia de prevención e higiene entre las personas usuarias, convertirá al transporte público en uno de los principales focos de riesgo de contagio.

Es preciso hacer un estudio de la capacidad de transporte que podríamos disponer a día hoy. Dicho de otra manera, si los trenes y autobuses deben reducir su capacidad a un tercio de la actual, debemos calcular cuántos servicios extraordinarios habría que poner en marcha en metro, trenes, tranvías y autobuses. Es imprescindible conocer con qué recursos contamos, y cuáles necesitaríamos, para aumentar las frecuencias del transporte y poder paliar esta situación.

Tampoco podemos ignorar que, hasta ahora, las medidas preventivas para los trabajadores y trabajadoras del sector han sido escasas. Se debe ahondar y exigir que dispongan de sus correspondientes EPIs con la mayor celeridad posible, ya que un foco de infección en cualquiera de las plantillas de las empresas de transporte público impediría ofrecer el servicio de forma normalizada. La salud de las y los trabajadores del transporte público debe ser fundamental, es otro riesgo a tener muy en cuenta y que no debemos ignorar.

Y otro riesgo que existe, y ojalá nos equivoquemos, es la tendencia de la ciudadanía a pensar que se pueden aflojar las reglas de seguridad establecidas hasta el momento. Puede ser un gran error, y se convertiría en fatal en la utilización del transporte público.

Además de todo lo anterior, nos encontramos con una situación de dependencia total de las directrices que marca el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda urbana. Ya es hora de romper con las jerarquías que define la figura del mando único. La mesa de coordinación del transporte de la ATE (Autoridad del Transporte de Euskadi) se ha convertido en un mero instrumento de transmisión y adaptación de las ordenes que emanan desde Madrid. Ya es hora de acabar con este modelo de gestión totalmente militarizado. Ha llegado el momento de hacerle frente y de impulsar la participación y la toma de decisiones de los sujetos más cercanos a nuestro territorio. Empresas concesionarias y ayuntamientos con servicio de transporte propio, deben tener voz y voto en las decisiones. No podemos permitir que Madrid sea quien decida qué servicios de transporte público debemos ofrecer en Euskal Herria. Tenemos que articular las necesidades de transporte público desde una perspectiva mucho más cercana y real.

Necesitamos información y transparencia en la gestión. La ausencia de ambas ya ha sido denunciada en varias ocasiones por EH Bildu y otros grupos de la oposición en diferentes instituciones y por representantes sindicales en las empresas concesionarias. Debemos facilitar que todos los agentes participen verdaderamente en la toma de decisiones y se impliquen en su ejecución.

Pero no todo son discursos y proyecciones, queremos poner encima de la mesa un decálogo de medidas que consideramos que deberían ser tenidas en cuenta para avanzar en la prestación del servicio de transporte público de la forma más eficiente posible.

  1. Control de aforo en los accesos al transporte público, en función del número de personas usuarias que se puedan admitir.

  2. Implementar medidas para que se respete la distancia social, tanto físicas como de carácter pedagógico.

  3. Control de temperatura en grandes instalaciones de transporte (estaciones intermodales y servicios de largo recorrido).

  4. Definir un calendario de desinfecciones para todas las instalaciones y vehículos.

  5. Establecer como necesario el uso de mascarilla por parte de todas las personas usuarias.

  6. Protocolos de seguridad eficientes entre las plantillas que prestan el servicio de transporte público, donde primen los criterios preventivos.

  7. Establecer un perímetro de seguridad permanente en los puestos de conducción (actualmente se hace de forma precaria con cintas de balizar)

  8. Implantar el uso de la bicicleta como principal medio de transporte para mantener el distanciamiento de seguridad, y establecer vías preferentes para ellas en las principales calles, recuperando el espacio que hemos dado a los coches. Poner en marcha de forma inmediata los servicios municipales de alquiler de bicicletas.

  9. Medidas de carácter económico. Repensar el sistema tarifario para las personas más precarias que usan el transporte público, implantar de una vez por todas el Billete Único basado en medidas de justicia social y analizar políticas fiscales aplicadas a la movilidad sostenible.

  10. Medidas de flexibilidad en los horarios y turnos de trabajo de las empresas para evitar las habituales horas punta y horas valle en el transporte público. Potenciar la jornada semanal de cuatro días o la organización por sectores, y de seguir fomentando el teletrabajo frente al presentismo.

Tenemos las claves y las herramientas encima de la mesa, tan solo es una cuestión de voluntad política. La crisis provocada por el Covid-19 solo se superará con trabajo conjunto, y el transporte público puede ser una muestra de ello. Desde EH Bildu ponemos toda nuestra experiencia y capital militante para revertir esta situación cuanto antes. Si hemos sido capaces de darnos cuenta de que muchos de los desplazamientos que antes hacíamos no son necesarios, los que realicemos a partir de ahora que sean desde la perspectiva de una movilidad más sostenible.

Frente a las individualidades y al sálvese quien pueda, respondamos una vez más con trabajo comunitario, con “auzolan”, con un transporte PÚBLICO (con mayúsculas) y de calidad. Pongamos a las personas en el centro. Cuidémonos.