Han transcurrido diez años desde que pusimos sobre la mesa la necesidad de implantar el impuesto turístico, y seguimos enredados en el debate, especialmente en las últimas semanas, por las prisas y las presiones que el alcalde de Donostia ha querido introducir aunque eso implicara no respetar los plazos que exige la futura norma foral y, por tanto, sin las garantías jurídicas necesarias. Hace tiempo que Donostia necesitaba ese ingreso para mejorar la vida de las y las donostiarras y, en ese sentido, el PNV le debe una explicación a esta ciudad.
«Es un debate que se ha reavivado periódicamente y cada vez que ha salido a colación se nos ha impuesto la idea de que estaban haciendo algo. Mientras tanto, los problemas generados por el turismo desmesurado han aumentado y el debate sobre el impuesto turístico se ha utilizado como excusa o justificante para no abordar estos problemas», ha señalado el concejal de EH Bildu Markel Ormazabal en la rueda de prensa que ha ofrecido este miércoles.
Ahora que lo que va a ser norma foral tiene su procedimiento en marcha, requiere de un carácter claro y concreto, y queremos reivindicar lo defendido por EH Bildu hasta ahora: que sea local, progresivo y sobre todo finalista. En efecto, al tratarse de un impuesto en lugar de una tasa, no está asegurado que sea finalista, ya que será la Administración local la que determine el destino de lo percibido. Sin embargo, desde EH Bildu mantenemos la idea inicial de que la recaudación se destine a paliar los gastos que genera la actividad turística en las arcas municipales.
Es hora de gestionar y gobernar el desgaste que la industria turística ha generado en Donostia: para algunos barrios las medidas vienen demasiado tarde, por eso afirmamos que abordar la situación con responsabilidad y compromiso va más allá de la aplicación del citado impuesto. En cuanto a las políticas turísticas, se desconoce lo que está haciendo el Gobierno Municipal a pesar de presentar en enero ‘Gurera’, un «nuevo modelo» de gestión turística en Donostia y que prometía una propuesta «disruptiva, realista y responsable» basada, incluso, en la colaboración interinstitucional. Justo lo contrario de lo que ha hecho el alcalde con el impuesto turístico.
«Cuando se comprometió a implantar el impuesto este mismo año, actuó de forma irresponsable. Cuando las instituciones competentes, las Diputaciones Forales, primaron la agenda pactada y la seguridad jurídica, siguió sin importarle la realidad. Y cuando su partido tampoco lo ha apoyado, el supuesto nuevo modelo se ha convertido en una rabieta política», ha dicho Ormazabal. En su opinión, al actuar así «se ha querido quitar de encima la responsabilidad de no haber cumplido su palabra: la forma de actuar del alcalde ha convertido en una rabieta política lo que venía reclamando la Corporación donostiarra desde 2017».
Medidas que nos lleven a limitar
Sin duda, el debate sobre el impuesto turístico tiene su importancia, pero llega tarde, hace mucho que debería haberse implantado. Ormazabal ha recordado que es una herramienta de gestión. «Y gestionar el turismo es gestionar los flujos, pero el contexto actual, más que de gestión, exige hablar de gobernar el turismo. Es decir: la situación que tenemos en Donostia exige soluciones de semejante alcance, porque no se trata tanto de mitigar como de limitar».
Por ejemplo, el debate de las últimas semanas ha dejado en la sombra decisiones clave para el bienestar de las y los donostiarras y sus barrios, tal como la definición e implantación de la capacidad de carga turística de la ciudad. Una opción para hacerlo es estableciendo criterios matemáticos. «En todo caso, y a través de fórmulas, debe fijarse la capacidad de carga turística. En Donostia también tenemos realidades diferentes y es necesario diseñar y aplicar una herramienta específica de análisis. También hemos propuesto el índice de turistificación de los barrios de Donostia para poder medir el grado de vulnerabilidad o resiliencia de la población residente. Hoy por hoy, el Gobierno Municipal está tomando decisiones sin un medidor», ha lamentado.
Solicitamos la integración de la habitabilidad y la perspectiva de la capacidad de carga en las políticas municipales, ya que es necesario identificar las variables de habitabilidad de cada barrio para poder establecer la capacidad de carga del turismo para cada uno de ellos.
Y ahora que seguimos a la espera de los resultados del estudio que encargó el Gobierno Municipal hace ahora un año con este fin, pedimos la intervención que corresponda en cada caso: en unos barrios habrá que aplicar medidas de regeneración para recuperar la habitabilidad y, en otros, habrá que establecer medidas de protección y refuerzo para que esa habitabilidad no se pierda.
En cuanto a las medidas para regular a los grupos de turistas y visitantes, otros tanto. Tras un año informando a los grupos y visitas guiadas de las infracciones, el alcalde ha anunciado ahora que se empezarán a aplicar las multas. La medida resulta insuficiente porque desde el Gobierno municipal no se ha hecho el esfuerzo por evitar situaciones que sí se deben evitar. Desde EH Bildu consideramos que, más allá de las multas, hay que adecuar la normativa de circulación de estos grupos por los barrios saturados, entre otros aspectos, en cuanto al horario (pueden hacerlo entre las 8.00 y las 23.00 horas) y en cuanto al número de grupos que circulan simultáneamente por la misma zona.
¿Cuántos grupos y personas son un número viable para no condicionar lo cotidiano? ¿Dónde está la cancela del barrio? ¿Cuál es la cantidad adecuada que puede garantizar la calidad de vida? Son preguntas que hoy por hoy siguen sin respuesta.