El 18 de julio es una fecha grabada a sangre y fuego en la memoria de muchas personas. Tal día como hoy, hace ahora 90 años, un grupo de militares, apoyados por empresarios, aristócratas, terratenientes y la jerarquía de la iglesia católica, decidió dar un golpe de estado. Lo hacían contra el Gobierno de la República, un gobierno legítimo conformado en torno al Frente Popular que ganó las elecciones unos meses antes. En realidad, el golpe de estado franquista fracasó y eso derivó en una guerra de tres años. Pocos días después, las bombas caerían sobre Otxandio, a pocos kilómetros de Gasteiz, en lo que fue el primer bombardeo sobre población civil. Después llegarían Durango y Gernika.
Al golpe de estado y la guerra, le siguieron 40 años de dictadura. Todos los avances sociales y legislativos llevados a cabo por el Gobierno de la República fueron destruidos. 40 años de oscuridad de la mano de un régimen autoritario que se caracterizó por la represión sistemática y la supresión de libertades civiles y políticas. 40 años también de olvido e injusticias.
Finalmente, tras esos 40 años de dictadura, Franco murió en la cama. Pero el legado del franquismo sobrevivió al dictador. El heredero designado confió a unos políticos afectos al régimen el diseño de una transición que en apariencia lo cambiara todo, pero que no cambiara nada en realidad. No se depuraron las estructuras, los empresarios seguían apoyando a los franquistas disfrazados de demócratas y la policía cometió crímenes brutales impunemente. En Gasteiz sabemos bien de qué hablamos. Este año se ha cumplido medio siglo de la masacre del 3 de marzo de 1976 en Gasteiz, un crimen que sacudió la ciudad y que nunca ha sido juzgado. El Régimen del 78 se construyó sobre el mito fundacional de una Transición que no fue ni ejemplar, ni pacífica y que garantizó la impunidad de los crímenes del Franquismo.
Franco murió, pero con él no murió el franquismo. Mutó y se escondió entre políticos, jueces o periodistas modernos con talante liberal pero que desde las sombras ha movido los hilos de la política española. Hoy, sin embargo, ya no necesitan esconderse. La ola reaccionaria sacude el mundo: Colombia, Perú, Argentina o Chile en América Latina; Italia, Francia, Gran Bretaña o Alemania en Europa; Estados Unidos en Norte América. El Estado español no es ajeno a esa ola. El bloque reaccionario, compuesto por PP y VOX, ha llegado a diferentes gobiernos autonómicos, sin complejos y con la supuesta prioridad nacional como base de los acuerdos. El fascismo de hoy se ha quitado la careta, gobierna sin complejos y ha judicializado la vida política e institucional.
Porque hoy, como en el 36, los poderes fácticos de herencia franquista se han conjurado para volver a cerrar la puerta a cualquier posibilidad de democratización del Estado Español. Bajo el lema de “el que pueda hablar, que hable; el que pueda hacer, que haga” no tienen otro objetivo que volver a salvar el Régimen del 78, volver a garantizar la impunidad del franquismo y cerrar la puerta, como en el 36, a los avances sociales que permitan la libertad de las personas y los pueblos. Es preocupante ver cómo se ha naturalizado que se pueda atacar a una persona por su orientación sexual con todo lo que ha costado normalizar la homosexualidad, es alarmante ver cómo el número de mujeres asesinadas no solo no se reduce sino que aumenta cada año por un machismo que se revela ante la posibilidad de igualdad entre hombres y mujeres, es indignante que se señale como causante de todo mal a un migrante como si el capitalismo no tuviese la culpa de la subida de los precios de la cesta de la compra, la vivienda, etc.
Es por ello, necesario articular frentes amplios y programas de mínimos. Frentes amplios y programas de mínimos sobre la base de un proyecto progresista de carácter plurinacional que atraiga a amplios sectores democráticos para acumular fuerzas en un nuevo proceso popular. Están llamados a unirse a ese proceso todos los sectores democráticos, para acumular fuerzas en un nuevo proceso popular en clave republicana, democrática, municipalista, internacionalista, que blinde los derechos sociales, colectivos y nacionales, y ponga fin a la impunidad y la corrupción.
Este bloque histórico debe asumir la tarea de democratizar el Estado en todos sus ámbitos, reconociendo su realidad plurinacional, respetando a las minorías, garantizando las libertades y los derechos de la ciudadanía y articulando un frente antifascista tanto a nivel estatal como europeo que genere una alternativa radicalmente democrática e ilusionante para las clases populares. Una alternativa que traslade seguridad y certezas ante la incertidumbre y los grandes retos de época a los que nos enfrentamos como sociedad.
Por todo ello, 90 años después del golpe de estado del 18 de julio de 1936, hacemos un llamamiento a la sociedad alavesa a alimentar y proteger los valores mayoritarios enraizados en nuestro imaginario colectivo a través del trabajo de miles de ciudadanos y ciudadanas y de décadas de lucha social, sindical y política. Valores como la igualdad, la justicia, la solidaridad, el feminismo o la diversidad, además de ser ampliamente mayoritarios en Araba y en el conjunto de Euskal Herria son el mejor de los antídotos ante la ofensiva articulada por la extrema derecha tanto a nivel global como en el Estado Español.
Ante el fascismo de ayer y de hoy, gora Araba antifaxista!