AKTUALITATEA


| 2026-03-31 11:15:00

Fue la madrugada de un 31 de marzo hace ahora 89 años. Aquél día nuestro territorio vivió uno de los episodios más negros de su historia. Era un 31 de marzo cuando 16 personas fueron sacadas de las celdas que ocupaban en la antigua cárcel de La Paz. Nada queda en esta plaza de aquél presidio. Sólo una placa nos indica que en esta manzana se ubicaba la prisión provincial de Araba.

A su salida les esperaban dos camiones. Maniatados fueron llevados hasta el puerto de Azazeta. A la altura del kilómetro 16 fueron asesinados. Esta masacre fue perpetrada por un escuadrón de requetés, falangistas y guardias civiles. Lo hicieron además en plena retaguardia.

Entre otros estaba Bruno Ruiz de Apodaca. Presuntamente fue responsable directo del asesinato de 108 personas en Araba. Lejos de ser procesado o depurado, sería después nombrado Jefe de la Policía Municipal de Gasteiz. Se caracterizó por recurrir a malos tratos, torturas, e incluso, la muerte de las personas bajo su custodia. Además, no sólo no se arrepintió nunca de sus crímenes, sino que presumía de ello y se paseó impunemente por las calles de Gasteiz.

Entre las personas fusiladas había cargos electos y significados militantes republicanos, socialistas, abertzales o anarquistas. Otros simplemente habían sido encarcelados por simpatizar con esas ideologías que el terror de Estado franquista quería aniquilar. El objetivo era precisamente ese: aniquilar cualquier atisbo de oposición al nuevo régimen.

A las familias de los 16 asesinados en Azazeta les aseguraron que habían quedado en libertad. La angustia se apoderó de todas ellas. En realidad, habían sido asesinados y enterrados en varias fosas comunes. Dos años después, se recuperaron los restos de tres de los 16 asesinados. Las otras 13 víctimas de la masacre permanecieron en el monte 41 años más, hasta que en verano de 1978 fueron exhumados y trasladados al cementerio de El Salvador.

No fue casualidad que el terror se extendiera por Gasteiz y Araba aquella noche del 31 de marzo de 1937. El propio general Mola había visitado días antes la capital alavesa y había pedido a los mandos militares aumentar el ritmo de la represión franquista. Ese mismo día aviones del ejército italiano bombardearon Durango y Elorrio.

No fue el primer bombardeo sobre la población civil. Meses antes, la plaza Andikona de Otxandio fue bombardeada en plena celebración de sus fiestas causando 61 muertes. Era la primera vez que se bombardeaba a la población civil de forma indiscriminada. Luego llegaría Gernika.

89 años después las bombas vuelven a caer sobre la población civil en Gaza. Por eso hoy alzamos la voz contra el genocidio en Palestina. Pero 89 años después, suenan tambores de guerra en diferentes partes del mundo. Por eso hoy aquí, queremos lanzar un grito por la paz. Hoy decimos alto y claro no al imperialismo, no a las guerras y no a las invasiones. Basta ya de expoliar a los pueblos del mundo. Porque sus guerras acaban siendo las nuestras miserias.

Por eso hacemos un llamamiento a la paz, a la negociación y al diálogo y exigimos que se respeten los derechos humanos y la legalidad internacional. Ante las guerras imperialistas cuyas consecuencias acaban recayendo sobre los hombros de las clases populares la alternativa es clara: paz y soberanía de los pueblos. Que quede claro. No a las guerras. No en nuestro nombre.

A aquel alzamiento militar fascista de 1936 le siguieron 40 años de dictadura. Y ahora, 89 años después observamos con preocupación que el auge del autoritarismo se extiende a lo ancho y largo del planeta. También en el Estado español la extrema derecha campa a sus anchas y condiciona gobiernos. Por eso debemos mirar atrás y poner en valor la lucha de aquellas personas que hace ya casi un siglo soñaban con una sociedad más justa y solidaria. Ese es el camino. Frente al fascismo, más derechos y más libertades.

En el Estado Español, hoy, como en el 36, los poderes fácticos de herencia franquista se han conjurado para volver a cerrar la puerta a cualquier posibilidad de democratización del Estado Español. Pretenden apuntalar el Régimen del 78, volver a garantizar la impunidad del franquismo y cerrar la puerta, como en el 36, a la defensa de la libertad de las personas y los pueblos.

Por ello, es necesario articular frentes amplios y programas de mínimos. Frentes amplios y programas de mínimos sobre la base de un proyecto progresista de carácter plurinacional que atraiga a amplios sectores democráticos para acumular fuerzas en un nuevo proceso popular. Este proceso será republicano, democrático, confederal, municipalista, internacionalista, blindará los derechos sociales, colectivos y nacionales, y pondrá fin a la impunidad y a la corrupción.

Durante la república fueron capaces de poner en valor aquello que les unía y superar sus diferencias para tejer las alianzas necesarias y constituir  gobiernos de progreso. Fueron capaces de poner las instituciones al servicio de la construcción de una sociedad mejor.

Ahora también es hora de generar alternativas democráticas que garanticen vidas digas a la ciudadanía y apuesten por democratizar el Estado en todos sus ámbitos, reconociendo su realidad plurinacional, respetando a las minorías, garantizando las libertades y los derechos de la ciudadanía.

Porque antes como ahora quienes soñamos con una vida más justa entendemos que libertad es amanecer cada día con la seguridad de disfrutar de una vida digna. Pensiones y salarios dignos, sanidad y educación públicas y calidad; un sistema social que proteja a las personas y las ponga en el centro de las políticas públicas al tiempo que protege a sus trabajadoras, la defensa de nuestro territorio, la necesaria transición ecosocial o la consecución de una sociedad diversa y feminista. Esos siguen siendo nuestros valores y en su defensa, hoy como entonces, seguiremos tejiendo alianzas y uniendo fuerzas.