Cuando hablamos del nuevo instituto de Leioa, no deberíamos pensar únicamente en aulas y edificios. También debemos pensar en las necesidades reales de quienes lo van a utilizar cada día. Por eso consideramos fundamental que el nuevo centro cuente con una cocina propia.
Cada vez son más los estudiantes que permanecen en el instituto durante gran parte de la jornada por motivos académicos, familiares o de conciliación. Garantizar una alimentación adecuada no debería ser un aspecto secundario en un centro educativo que nace con vocación de futuro.
Además, la realidad de nuestro alumnado es cada vez más diversa. Hay jóvenes con alergias, intolerancias, necesidades nutricionales específicas o diferentes hábitos alimentarios por motivos culturales o religiosos. Disponer de una cocina propia facilita una mejor adaptación a estas necesidades, permite ofrecer una atención más cercana y aporta una mayor capacidad de respuesta ante cualquier situación.
Contar con una cocina en el nuevo instituto también supone apostar por la calidad del servicio, por la elaboración y gestión directa de los menús y por una mayor autonomía para atender las necesidades de la comunidad educativa. Es una inversión que repercute directamente en el bienestar del alumnado y en la tranquilidad de las familias.
Si queremos un instituto moderno, inclusivo y preparado para el futuro, debemos diseñarlo pensando en las personas. Y una cocina propia es una parte importante de ese compromiso.