Es gracioso el señor Manfred Weber, tras esa máscara de nuevo rostro de los ultraconservadores bávaros de la CSU, aliado y estorbo al mismo tiempo de la CDU de Angela Merkel. Weber es el líder del grupo del Partido Popular Europeo y, junto con Martin Schulz, poder fáctico del conciliábulo paraparlamentario que controla la Cámara de forma cada vez más antidemocrática. Y, según los últimos rumores en torno a dicho conciliábulo, sucesor de Martin Schulz en la próxima legislatura a cambio de que este pueda terminar esta como presidente. Esta semana, en el debate en pleno sobre los "aspectos externos" de la agenda migratoria y la presentación, por la Comisión Europea, de un supuesto plan de inversión en África, Weber afirmó, aludiendo al acuerdo con Turquía, que "la cosa funciona". Se refería sin duda a los dos campos de refugiados que Turquía y la UE utilizan para mostrar al mundo el "agradecido mundo de los refugiados". Estos "campos modelo" son los que suelen visitar Merkel y los comisarios europeos. Apenas unos miles de personas refugiadas "afortunadas" (pónganle toda la carga de ironía que puedan a las comillas) de los 2.7 millones de sirios y sirias (más cerca de 300.000 no sirios) atrapadas en Turquía. Solo el 10% de esos 2.7 millones vive en campos, donde el acceso a servicios básicos y la seguridad es mayor. El resto malvive o sobrevive como puede, hacinados en muchos casos en casas compartidas por varias familias. Sin permisos de trabajo, sin educación (solo el 13% del millón de niños y niñas en edad escolar van a la escuela), sin seguridad, sin futuro. 2.7 millones de personas en "protección temporal y cientos de miles más atrapadas en Siria por el cierre criminal de la frontera impuesta por Turquía y avalada por los estados miembros de la UE. Para los no-sirios, por supuesto, la situación es mucho peor, muchos de ellos detenidos en centros de detención en régimen de prisión pura y dura y pendientes de ser deportados a lugares tan "seguros" como Bagdad o Kabul. Porque casi todas esas personas no-sirias serán deportadas. El responsable de la Dirección de Gestión de la Migración del Gobierno turco nos lo dijo bien clarito en el centro de detención de Erdine: "Nuestro objetivo es deportar al 100%".

Así que no, señor Weber, la "cosa" no funciona. Pero nada puede esperarse de quien alimenta de forma consciente y totalmente irresponsable el discurso ultraderechista de que las personas migrantes vienen a Europa a quitar el trabajo a "nuestros" jóvenes. Así se alimentan el discurso y las posiciones de la extrema derecha en Europa.

Ahora, el pacto migratorio presentado por la Comisión Europea prevé mezclar fondos públicos y privados en la misma línea del Plan Juncker, rezando por una multiplicación milagrosa en el sector privado de un pequeño impulso público europeo.

En el fondo, en realidad, el plan para África propone algo parecido a lo que en su día diseñó Silvio Berlusconi: una estratagema para intentar parar el flujo de personas refugiadas en África externalizando su control al continente africano. Algo así como una promesa incierta de dinero "si os quedáis con los refugiados". 

Sin embargo, la propuesta de la Comisión mezcla promesas y deseos con mentiras y realidades emmascaradas. Asegura que son conscientes de que los refugiados mueren en la travesía africana, y es de suponer que saben que han muerto ya más de 2.500 en el Mediterráneo en lo que va de año, pero sus discursos no responden a la realidad. África vive una realidad insoportable. 

Weber habla de compasión e interés europeo en lugar de justicia, solidaridad y responsabilidad. La Comisión alude a un plan de inversiones a largo plazo para apoyar el crecimiento de los países africanos y hay quien ha visto un Plan Marshall para África en esta propuesta. Retórica sin sustancia alguna. Para llegar a un cambio revolucionario que cree una gran alianza africana-europea con el objetivo de propiciar un verdadero desarrollo del continente africano sería necesario que los estados miembros de la UE revirtieran de forma radical su política exterior, militar, económica, comercial y cultural. Y eso es simplemente imposible con la actual correlación de fuerzas en los gobiernos de la Unión Europea. Y la lista de buenos deseos de la Comisión no tiene ninguna incidencia, como demuestra el hecho de que el fondo para África creado en noviembre pasado cuente solo con un 4,5% de las aportaciones comprometidas por los estados miembros. (por no hablar del no cumplimiento del proceso de recolocación de personas refugiadas, otra infamia de la que nadie se hace responsable).

Debajo de la retórica no hay nada, y el hecho de que la UE sea el primer donante en África no cambia esa realidad. Acierta la Comisión cuando dice que el liderazgo africano será quien cambie África, pero no será posible sin un cambio profundo en la relación de poder de EEUU, UE y China hacia África. 

Golpe de estado de Erdogan

Mientras Weber y compañía ensalzaban el acuerdo con Turquía, su presidente, Erdogan, llevaba a cabo un golpe de estado presidencialista retirando la inmunidad parlamentaria a 138 diputados. Se trata del enésimo ataque contra el movimiento kurdo y contra toda disidencia democrática en Turquía. La Comisión está "preocupada", faltaría más, y asegura que "hablará muy claro" en el marco del diálogo permanente que mantiene abierto con Ankara... Es una reacción ridícula. Erdogan lleva muchos meses jugando con la UE. Blanco y en botella es leche. No hay que ser un genio de la política internacional para saber qué está haciendo Erdogan.

Los estados miembros de la Unión están dando dinero y sobre todo legitimidad interna a Erdogan a cambio de que su Ejército cierre con llave (de momento) el flanco sureste de la Unión. Pero Erdogan recibe mucho más, entre otras cosas el silencio cómplice de los estados miembros ante la masacre del pueblo kurdo y el cierre de la frontera, con muro incluido (no solo hemos recabado testimonios en la frontera con Siria, también hemos visto imágenes que muestran al Ejército turco construyendo grandes secciones del muro para sellar la entrada a Turquía desde Siria. Este cierre de la frontera es criminal y los estados miembros de la UE, así como la OTAN, son también responsables de ello.

Mientras, en Diyarbakir y muchas otras ciudades y aldeas kurdas, continúa la masacre y la destrucción provocada por el Ejército turco. Las imágenes aéreas del distrito de Sur, en Diyarbakir, muestran un nivel de destrucción similar al causado por los últimos bombardeos israelíes contra Gaza. En ambos casos, la reacción última europea es la misma: silencio.

Como la presidenta de GUE/NGL, Gabi Zimmer, dijo ante el pleno, Erdogan está pisoteando la democracia. La UE debería enviar un mensaje poderoso en contra de Erdogan y a favor de estos 138 diputados y diputadas (la mayoría kurdos, como nuestra buena amiga Leyla Zana); y también a favor de quienes en Turquía intentan abrir desesperadamente un debate democrático, algo que el presidente y el Ejército bloquean usando para ello todos los medios a su alcance. La alerta lanzada tanto por los representantes kurdos como por las fuerzas democráticas y progresistas turcas no puede ser más roja, ni más urgente. 

Un último apunte: ¿Saben a dónde viajó el director del centro de detención de refugiados de Edirne poco antes de abrir su cárcel? A Málaga y a Madrid, para reunirse con la Guardia Civil. El director no regresó muy impresionado a Erdine: "Sus centros son peores que los nuestros", nos dijo, ufano. Todo un personaje. A Weber le habría encantado.