Julen Arzuaga
Parlamentario
Hemos recorrido millones de kilómetros, con responsabilidad política y humana, para intentar que el espacio entre el parlamento y las diversas reivindicaciones de derechos humanos se achique, se acorte. Para que las y los presos políticos vascos estén más cerca de casa.

Un futuro mejor así lo demanda.

He asistido a presas y presos políticos vascos en decenas de cárceles en todo el mundo. Les he visitado en el Reino Unido, Holanda, Portugal, Suiza, Estados Unidos... y cómo no, en el Estado español y francés, He realizado visitas en Alemania, Irlanda, o por supuestos, en los Estados español y francés. En mi caso concreto solo he estado en una ocasión en una cárcel vasca, en Basauri. Apenas unos minutos de casa, con lo puesto. Una constatación. Lo cambia todo. Que los presos vascos estén en su tierra, en su lugar de origen, estén en casa lo cambia todo, para el preso y para el familiar, el amigo, la sociedad de la que es parte.

Esa experiencia, compartida por otras compañeras de grupo y por tantos y tantas ciudadanas de este país, esos millones de kilómetros de dignidad, debía ser trasladada a esta institución como el Parlamento de Gasteiz.

Que los presos estén en su tierra, en su lugar de origen, en casa, lo cambia todo, para el preso, el familiar y la sociedad de la que es parte

Una de las mayores satisfacciones que tengo de estos cuatro años es el trabajo que hemos podido realizar para, si no la de las cárceles, abrir las puertas del Parlamento a los y las presas políticas. Se han escuchado testimonios y adoptado decisiones favorables a Ibon Iparragirre, Andoni Zengotitabengoa, Aitzol Gogorza, Ibon Fernandez Iradi, Txus Martín... Se han realizado importantes declaraciones contra la dispersión, en este caso ante la participación de un nutrido grupo de familiares.

La rabia de escuchar ciertos argumentos apologéticos de una política criminal, y la alegría de ver que prosperaban mayoritariamente los contrarios a ella, ha sido uno de los momentos más intensos que he vivido. Momentos compartidos con familiares de presos vascos, con Nagore, Rafa, Javi, Maribi, Jose Angel... y que demuestra que el trabajo institucional podía servir, merecía la pena.

Víctimas del terrorismo de Estado, personas torturadas, asociaciones de derechos humanos y memorialistas, procesadas en juicios políticos... han podido ser escuchadas.

El de los presos y presas no ha sido el único colectivo con el que hemos tenido la oportunidad de trabajar: víctimas del terrorismo de Estado, personas torturadas, asociaciones de derechos humanos y memorialistas, procesadas en juicios políticos... han podido ser escuchadas.

Efectivamente, si un largo camino siempre comienza con un pequeño paso, podríamos concluir que hemos avanzado algunos kilómetros en el camino de los derechos humanos, al menos permitiendo que se escuche con respeto y normalidad a las víctimas de su vulneración. Kilómetros que hemos recorrido con responsabilidad política y humana, que hemos pateado con dignidad para intentar que el espacio entre el Parlamento y las diversas reivindicaciones se achique, se acorte. Para que las y los presos estén más cerca de casa. Un futuro mejor lo demanda.

Julen Arzuaga, legebiltzarkidea