Más de 2.000 de las 8.000 personas refugiadas que se encontraban atrapadas desde hace varios meses en el campo de Idomeni, en la frontera de Grecia con FYROM, han sido trasladadas en autobuses en estos dos últimos días rumbo a varios centros de recepción abiertos en Grecia. La situación en Idomeni era absolutamente inaceptable y la prioridad es, sin duda, dar una solución inmediata a la crisis humanitaria desatada en esta tierra de nadie desde el cierre de las fronteras de la Ruta de los Balcanes. El traslado de estas personas a centros de recepción dignos y bien organizados debía haber sido realizado hace tiempo y de forma adecuada por las autoridades griegas. En su lugar, Idomeni ha sido escenario de cargas policiales (a ambos lados de la frontera), de desinformación (la mayoría de las personas trasladadas ayer y hoy ni tan siquiera sabían cuál sería su destino) y, en general, de unas condiciones de vida (higiene, atención médica, alimentación) deplorables para las miles de personas varadas aquí. Finalmente, el Gobierno griego ha decidido iniciar la evacuación del campo a pesar de que algunos de los centros a los que irán estas personas aún no están totalmente terminados.

La Unión Europea, el resto de gobiernos de los estados miembros, tienen una responsabilidad directa en lo que ha sucedido en Idomeni y en lo que está sucediendo en el resto de los puntos de Grecia (en las islas y en el continente) que albergan personas refugiadas. La UE no ha facilitado la ayuda y el apoyo que Grecia necesitaba, a pesar de que todo el mundo sabía que era imposible que el Gobierno griego asumiera sin el suficiente apoyo la gestión en condiciones de la llegada de decenas de miles de personas refugiadas, siendo como era ya un país en bancarrota y en crisis humanitaria interna debido a la crisis. Muchos de los estados miembros de la UE han utilizado sin pudor la crisis griega y los planes de rescate para desestabilizar tanto al Gobierno como a la coalición de izquierda que lo lidera, Syriza. A este respecto, es necesario recordar que expertos y premios Nobel en Economía coinciden en señalar que Grecia ha sido víctima también de las políticas de recortes y del diktat impuesto por la Troika. A esto se sumó la necesidad de gestionar, sin apenas recursos ni ayuda europea, la llegada de 857.363 personas refugiadas en 2015 y de 156.117 en 2016 (hasta el 22 de mayo).

La cuestión estriba en por qué esas personas son enviadas ahora en autobuses a centros de recepción a medio terminar en Grecia cuando la Unión Europea prometió que serían recolocadas a lo largo y ancho del territorio europeo. La respuesta, por supuesto, radica en la absoluta falta de voluntad política del resto de estados miembros de la UE para abordar en términos de solidaridad, justicia y dignidad la llegada de personas refugiadas que huyen de guerras, persecución o hambre. El número de personas recolocadas en la UE es totalmente ridículo e inaceptable: menos de un 1% de los 160.000 acordados y prometidos en el Consejo Europeo de setiembre de 2015. Y la respuesta debe buscarse también en la nefasta política exterior (política, militar, económica y comercial) de muchos de los estados miembros de la Unión, que alimentó o provocó en Oriente Medio muchos de los conflictos que más desplazados o refugiados están originando.

Ante la falta de voluntad política del resto de estados miembros de la UE, las prioridades marcadas ahora por el Gobierno de Alexis Tsipras son las adecuadas: que las personas atrapadas en Idomeni (más las que se encuentran en otros campos, gasolineras o centros mal preparados y saturados) sean realojadas en centros donde alojamiento, comida, servicio médico, educación para los niños y toda la información y servicios que precisen para los procesos de registro y peticiones de asilo estén cubiertos y garantizados; rebajar la tensión e inestabilidad crecientes con la vecina FYROM; atajar el negocio de traficantes y mafias en Idomeni y alrededores; y reanudar el tráfico ferroviario internacional suspendido desde hace dos meses, suspensión que afectaba gravemente a las arcas del Estado.

Solucionar los graves problemas humanitarios era indispensable; que la Unión Europea asuma su responsabilidad es urgente. La ciudadanía debe exigir mucho más a sus gobiernos, retirando su confianza a quienes siguen siendo incapaces de asumir siquiera los acuerdos y compromisos más ridículos. EH Bildu reclama todos los derechos para todas las personas, para las personas migrantes y refugiadas hoy atrapadas en Grecia y en otros estados europeos, que en lugar de abrir vías legales y seguras a la llegada de estas personas han cerrado las fronteras y entregado la llave a Turquía, un país que vulnera derechos fundamentales básicos y masacra al pueblo kurdo.